domingo, 10 de noviembre de 2019

1 CRÓNICAS. CAPÍTULO XXIX

Ofrendas para el templo (Éx 25;35-36)

291El Rey David dijo luego a toda la comunidad:
-Mi hijo Salomón, al que Dios eligió, es joven e inmaduro; sin embargo, la empresa es enorme, porque no se trata de construir una casa cualquiera, sino un templo al Señor Dios. 2Por eso fui haciendo los preparativos según mi capacidad: oro para los objetos de oro, plata para los de plata, bronce, para los de bronce, hierro para los de hierro, madera para el mobiliario, ónice, piedras de engaste, azabache, piedras para mosaicos, toda clase de piedras preciosas y gran cantidad de alabastro. 3Además, por amor al templo de mi Dios, aparte de lo que ya he preparado para el santuario, entrego mis tesoros de oro y plata: 4mil quintales de oro, de oro de Ofir; dos mil cuatrocientos quintales de plata finísima, para recubrir las paredes interiores del templo, 5para los diversos objetos de oro y plata y para los trabajos de los orfebres. ¿Quién quiere hoy ofrecer generosamente al Señor?
6Los cabezas de familia, los jefes de las tribus de Israel, los jefes y oficiales y los superintendentes 7ofrecieron generosamente para la construcción del templo ciento setenta quintales de oro, diez mil dáricos, tres mil cuastrocientos treinta quintales de plata, seis mil ciento setenta y cuatro toneladas de bronce y tres mil cuatrocientas treinta toneladas de hierro. 8Los que tenían piedras preciosas las entregaron a Yejiel, guersonita, para el tesoro del templo. 9El pueblo, lleno de generosidad, se alegraba de ofrecer algo al Señor, y también David sentía gran alegría.

Oración de David

10Entonces bendijo al Señor en presencia de toda la comunidad y dijo:
-Bendito seas, Señor, Dios de nuestro padre Israel, desde siempre y para siempre. 11A ti, Señor, la grandeza, el poder, el honor, la majestad y la gloria, porque tuyo es cuanto hay en cielo y tierra. 12Tuyo el reino y el que está por encima de todos. Riqueza y gloria vienen de ti. Todo lo gobiernas. En tus manos están la fuerza y el poder, en tus manos engrandecer y fortalecer a quien quieras. 13Nosotros, Dios nuestro, te damos gracias y alabamos tu nombre glorioso. 14Ni yo ni mi pueblo somos nadie para ofrecerte todo esto, porque todo es tuyo, y te ofrecemos lo que tu mano nos ha dado. 15Ante ti somos emigrantes y extranjeros, igual que nuestros padres. Nuestra vida terrena no es más que una sombra sin esperanza. 16Señor, Dios nuestro, todo lo que hemos preparado para construir un templo a tu santo nombre viene de tus manos y a ti te pertenece. 17Sé, Dios mío, que sondeas el corazón y amas la sinceridad. Con sincero corazón te ofrezco todo esto, y veo con alegría a tu pueblo aquí reunido ofreciéndote sus dones. 18Señor, Dios de nuestros padres Abrahán, Isaac e Israel, conserva siempre en tu pueblo esta forma de pensar y de sentir, mantén sus corazones fieles a ti. 19Concede a mi hijo Salomón un corazón íntegro para poner en práctica todos tus preceptos, normas y mandatos, y para edificarte este templo que he proyectado.
20David añadió a toda la comunidad:
-Bendecid al Señor, vuestro Dios.
Toda la comunidad bendijo al Señor, Dios de sus padres, y postrándose rindieron homenaje al Señor y al rey.
21Al día siguiente ofrecieron sacrificios y holocaustos al Señor: mil novillos, mil carneros y mil corderos, con sus libaciones, y numerosos sacrificios por todo Israel. 22Festejaron aquel día comiendo y bebiendo en presencia del Señor. Entronizaron por segunda vez a Salomón, hijo de David, y lo ungieron jefe por la gracia de Dios. A Sadoc lo ungieron sacerdote.

Muerte de David y reinado de Salomón

23Salomón se sentó en el trono del Señor como sucesor de su padre, David, y tuvo éxito. 24Todo Israel le prestó obediencia y todos los generales, los campeones y los hijos del rey David prestaron juramento al nuevo rey. 25El Señor engrandeció a Salomón ante todo Israel y le otorgó una majestad regia que no habían conocido los reyes anteriores de Israel.
26David, hijo de Jesé, fue rey de todo Israel. 27Reinó cuarenta años, siete en Hebrón y treinta y tres en Jerusalén. 28Murió en buena vejez, colmado de años, riquezas y gloria. Su hijo Salomón le sucedió en el trono. 29Las gestas de David, de la primera a la última, están escritas en los libros de Samuel, el vidente, en la historia del profeta Natán y en la historia del vidente Gad, 30con todo lo referente a su reinado, a sus batallas y lo que le sucedió a él, a Israel y a todos los reinos vecinos.

Explicación

Con su propio ejemplo, David quiere promover una última colecta generosa, como la de Ex 25 y 35-36. El gozo de dar a Dios lo recomienda Eclo 35,8 y de dar a los hombres, 2 Cr 9,7.

29,7 Dárico es el nombre de la moneda acuñada en tiempo de Darío II de Persia (423-404).

29,10-19 La plegaria de David desarrolla estos temas: Dios sobre todo, nosotros ante Dios, nuestros dones y su sentido, súplica por el pueblo y el nuevo rey. Con repeticiones insistentes, el autor expresa el sentido del culto y de las ofrendas: todo es de Dios; de él lo recibimos y a él se lo devolvemos, por el reconocimiento y el don; recibimos los dones que dar y la voluntad de dar; damos de lo que nos dieron y nuestro mejor don es la sinceridad.

29,10 Al principio nombra al patriarca Israel; al final, a los tres patriarcas, en inclusión poco marcada.

29,11 Empieza con el reconocimiento (que inspirará diversos himnos insertos en el Apocalipsis del NT). El "reino y el que está por encima" son la nación israelita y su rey; son la posesión particular del Señor en la tierra. Por tanto, el reino no es propiedad del rey, sino que, referidos ambos a Dios, muestran una diferencia muy relativa.

29,12 Dios comunica a otros de lo suyo, eligiendo hombres y manteniendo la soberanía de la historia. (Se evita el título de "rey" para el hombre y para Dios; no así en el salmo citado en el cap. 16).

29,14 La segunda parte es modelo de "ofertorio litúrgico: "que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos".

29,15 Véase Sal 39,13. Siendo la tierra propiedad de Dios, el hombre se encuentra como emigrante. Es decir, referido y abierto a Dios, su existencia y pertenencia al mundo se relativiza. En el culto, cerrando el circuito de Dios a Dios, parece que culmina esa vida precaria. El autor no sabe superar la radical limitación de la existencia terrena (véase 2 Sm 14,14), y, sin embargo, sus personajes son capaces de alegría auténtica.

29,17 Esta sinceridad profunda es totalmente distinta del pánico numinoso que doblega al hombre ante Dios y lo fuerza bajo el miedo a ofrecer sus sacrificios; también es radicalmente opuesta al cálculo de la religión del do ut des.

29,18 La mirada del rey anciano se remonta hacia el pasado hasta los patriarcas del pueblo y quiere abarcar el futuro del pueblo con su plegaria. Su último legado, más que el templo material, es una súplica por la actitud vital del pueblo.

Esta plegaria ha de pesar más que los largos capítulos organizativos. Ella condena el ritualismo mecánico de un culto extrínseco. Y también condena, en el último verso, un culto separado del cumplimiento de los mandatos.

29,21-22 La ceremonia litúrgica de los sacrificios se celebra al día siguiente. Hay sacrificios de comunión y el consiguiente banquete sacro.

29,23-25 Desaparecen todas las intrigas de los hermanos ambiciosos del trono (1 Re 1-2).

29,29-30 Las fuentes citadas son probablemente los capítulos correspondientes de Samuel y Reyes. Es tradicional atribuir estos libros a "profetas antiguos", y nuestro autor sugiere nombres que le parecen razonables, dando un título distinto, aunque equivalente a cada uno.

1 CRÓNICAS. CAPÍTULO XXVIII.

Recomendaciones para la construcción del templo

281David reunió en Jerusalén a todas las autoridades de Israel: a los jefes de las tribus y de las divisiones al servicio del rey, a los generales y oficiales, a los superintendentes de la hacienda y de la ganadería real, a los cortesanos, a los campeones y a todos los hombres más capaces. 2El rey David se puso en pie y dijo:
-Hermanos míos, pueblo mío; escuchadme. Yo tenía pensado construir un templo para descanso del arca de la alianza del Señor y como estrado de los pues de nuestro Dios. Realicé los preparativos para la construcción, 3pero Dios me dijo: <<Tú no edificarás un templo en mi honor porque te has pasado la vida guerreando y has derramado mucha sangre>>. 4El Señor, Dios de Israel, me había elegido entre toda mi familia para ser rey vitalicio de Israel. En efecto, escogió a Judá como tribu capitana, dentro de Judá a mi familia y entre mis hermanos se fijó en mí para hacerme rey de todo Israel. 5Y entre los muchos hijos que me dio el Señor, eligió a mi hijo Salomón para que ocupe el trono real del Señor en Israel. 6Y medijo: <<Tu hijo Salomón será quien edifique mi templo y mis atrios, porque lo he escogido como hijo y seré un padre para él. 7Si se esfuerza por cumplir mis preceptos y decretos, como ahora hace, consolidaré su reino para siempre>>. 8Por tanto, en presencia de todo Israel, comunidad del Señor, y poniendo por testigo a nuestro Dios, os digo: Observad y estudiad todos los preceptos del Señor, vuestro Dios; así poseeréis este magnífico país y se lo legaréis a vuestros descendientes para siempre. 9Y tú, Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu padre y sírvele de todo corazón, con generosidad de espíritu, que el Señor escruta los corazones y penetra todas las intenciones. Si lo buscas, se dejará encontrar; si lo abandonas, te rechazará definitivamente. 10Mira, el Señor te ha elegido para construir un santuario. Ánimo, manos a la obra.
11David entregó a su hijo Salomón los planos del atrio y del templo, de los almacenes, las habitaciones superiores, las naves interiores y la cámara del propiciatorio. 12También el proyecto que había concebido sobre los atrios del templo y las habitaciones circundantes para el tesoro del templo de Dios, para los dones votivos, 13para las clases sacerdotales y levíticas, para los diversos servicios del culto del templo y para los objetos sagrados del mismo. 14Le indicó la cantidad de oro que debía tener los objetos de oro según sus funciones y la cantidad de plata que debían tener los objetos según la suyas; 15el peso de los candelabros de oro con sus lámparas y el de los de plata con las suyas, según el uso de los diversos candelabros; 16la cantidad de oro de cada una de las mesas de los panes presentados y la de plata de las mesas de plata; 17el oro de ley de los trinchantes, aspersorios y copas, la cantidad de oro y plata de las tazas respectivas. 18El oro refinado del altar del incienso y el proyecto del carro de los querubines de oro, que cubren con sus alas el arca de la alianza del Señor. 19Todo esto se hallaba en un escrito que el Señor le había consignado, explicando la fabricación del modelo.
20David añadió a su hijo Salomón:
-Ánimo, sé valiente; pon manos a la obra. No te asustes ni te acobardes, que el Señor Dios, mi Dios, está contigo. No te dejará ni te abandonará hasta que remates todas las obras del servicio del templo. 21Están a tu disposición las clases sacerdotales y levíticas que se encuentran al servicio del templo de Dios, y además de las autoridades y del pueblo, que están plenamente a tus órdenes, también te ayudarán en esta tarea muchos profesionales que se ofrecerán voluntariamente.

Explicación.

28,1 Empalmamos con 23,3, después de la larga inserción. El verso recoge varios de los grupos descritos, que han de asistir al acto formal de la sucesión. Tenemos aquí un buen ejemplo del estilo oratorio del autor.

28,2 El templo tiene una dimensión histórica: es término de las andanzas por el desierto, lugar de descanso del Señor en medio de su pueblo; tiene además una dimensión cósmica: es apenas un estrado donde apoya los pies en la tierra el Señor entronizado en el cielo. Representa una presencia y un desborde.

28,3 El pasado belicoso pesa demasiado cuando se ha de construir un templo bajo el signo del descanso y de la estabilidad cósmica. La expresión "derramar sangre" significa normalmente cometer homicidio: ¿Alude el autor sutilmente al asesinato de Urías? (Véase 22,8).

28,4-5 A un par de frases reduce el autor las dramáticas incidencias de la sucesión, que ocupan en el modelo de 2 Sm 13 a 1 Re 2.

28,6 Según 2 Sm 7,14 y Sal 89,27-28.

28,7 Esta condición parece insinuar el final desgraciado de Salomón y también puede incluir retrospectivamente el destierro. Esta condición inicial justifica los hechos trágicos que todos conocen.

28,8 El discurso sobre la sucesión y la construcción del templo desemboca en una exhortación de sabor deuteronómico. Así resulta que el templo no es sólo un lugar para el ejercicio del culto, sino que actualiza las exigencias morales del Señor. Se insinúa apenas lo que con tanta fuerza había predicado Jeremías (Jr 7 y 26). Además, el templo queda ligado a la tierra prometida y entregada bajo condiciones; de nuevo podemos escuchar una alusión al destierro.

28,9-10 La exhortación es muy rítmica. Otra vez se juega con el nombre de Salomón (beleb shalem). También vemos que la elección no es privilegio, sino misión. Para realizarla debe conjugar el sucesor la actitud interna y la acción externa.

28,11-19 Según las antiguas creencias, la divinidad entrega los planos o el modelo del templo que se ha de edificar; el templo terrestre ha de ser imagen del celeste, que Dios solo conoce y puede revelar. En este sentido, la estructura del templo es una especie de revelación. El Señor entrega el plano dibujado a David (v. 19) y también le da una inspiración interior sobre el modelo (v. 12).

Esta idea de la revelación minuciosa de Dios preside los capítulos 25-30 del Éxodo y 40-46 de Ezequiel; el término técnico tabnit se lee en Éx 25,9.40.

28,14 En esta actividad el David del Cronista suplanta al Moisés del Éxodo.

28,20-21 Otra vez resuena la exhortación de Moisés a Josué (Jos 1,9). Salomón puede confiar en la asistencia de Dios y en la colaboración humana, obligada o espontánea. El rey tendrá la virtud y el encargo de movilizar las fuerzas del pueblo para la gigantesca tarea.

1 CRÓNICAS. CAPÍTULO XXVII.

271Israelitas seglares:
Los cabezas de familia, jefes de mil y oficiales de cien, con sus alguaciles, estaban al servicio del rey para toda clase de asuntos. Se turnaban por divisiones de mes en mes, todo el año, y cada división constaba de veinticuatro mil hombres.
2Al mando de la primera, la del primer mes, estaba Yasobeán, hijo de Zabadiel, con veinticuatro mil hombres. 3Era descendiente de Fares y jefe de todos los oficiales del primer mes. 4Al mando de la división del mes segundo se encontraba Eleazar, hijo de Doday, el ajojita; el caudillo Miclot formaba parte de ella; tenía veinticuatro mil hombres. 5Jefe de la tercera división, la del mes tercero, era Benayas, hijo del sumo sacerdote Yehoyadá, con veinticuatro mil hombres; 6Benayas era uno de los treinta campeones y jefe de ellos; su hijo Amizabad pertenecía a esta división. 7Jefe del cuarto, para el mes cuarto, Asael, hermano de Joab, al que sucedió su hijo Zebadías, con veinticuatro mil hombres. 8Jefe del quinto, para el mes quinto, el general Sambut de Zéraj, con veinticuatro mil hombres. 9Jefe del sexto, para el mes sexto, Irá, hijo de Iqués de Tecua, con veinticuatro mil hombres. 10Jefe del séptimo, para el mes séptimo, Jeles, el pelteo, de la tribu de Efraín, con veinticuatro mil hombres. 11Jefe de octavo, para el mes octavo, Sibcay de Jusá, zerajita, con veinticuatro mil hombres. 12Jefe del noveno, para el mes noveno, Abiézer de Anatot, benjaminita, con veinticuatro mil hombres. 13Jefe del décimo, para el mes décimo, Mahray de Netofá, zerajita, con veinticuatro mil hombres. 14Jefe del undécimo, para el mes undécimo, Benayas de Piratón, efraimita, con veinticuatro mil hombres. 15Jefe del duodécimo, para el mes duodécimo, Jelday de Netofá, descendiente de Otniel, con veinticuatro mil hombres.
16Jefes de las tribus de Israel:
De Rubén: Eliezer, hio de Zicrí. De Simeón: Sefatías, hijo de Maacá. 17De Leví: Jasabías, hijo de Quemuel. De Aarón: Sadoc. 18De Judá: Eliab, hermano de David. De Isacar: Omrí, hijo de Miguel. 19De Zabulón: Yismayas, hijo de Abdías. De Neftalí: Yerimot, hijo de Azriel. 20De Efraín: Oseas, hijo de Uzías,. 21De media tribu de Manasés: Joel,  hijo de Fedayas. De la otra media tribu de Manasés en Galaad: Yidó, hijo de Zacarías. De Benjamín: Yasiel, hijo de Abner. 22De Dan: Azarel, hijo de Yeroján. Estos eran los jefes de las tribus de Israel.
23David no hizo el censo de los menores de veintiuún años, porque el Señor había prometido multiplicar a Israel como las estrellas del cielo. 24Joab, hijo de Seruyá, comenzó el censo -lo que motivó la cólera de Dios contra Israel-, pero no lo terminó, y por eso no figura el número en los Anales del rey David.
25Superintendentes:
Del tesoro de la corona: Azmaut, hijo de Adiel. De los silos del campo, pueblos, aldeas y alquerías: Jonatán, hijo de Uzías. 26De los labradores que cultivaban la tierra: Ezrí, hijo de Quelub. 27De los viñedos: Semeí, de Ramá. De los productos de las viñas y de las bodegas: Zabdí, de Sefán. 28De los olivares y de los sicómoros de la Sefela: Baaljanán, de Hagguedera*. De los depósitos de aceite: Joás. 29De las vacadas que pastaban en Sarón: Sitray, saronita. De las vacadas de las vegas: Safat, hijo de Adlay. 30De los camellos: Obil, de Ismael. De las borricas: Yejdías, de Meronot. 31Del ganado menor: Yaziz, de Agar. Todos ellos eran superintendentes de la hacienda del rey David.
32Jonatán, tío de David, hombre inteligente y culto, era consejero; él y Yejiel, hijo de Jacmoní, eran preceptores de los hijos del rey. 33Ajitófel era consejero del rey. Jusay, arquita, era amigo del rey. 34A Ajitófel le sucedieron Yehoyadá, hijo de Benayas, y Abiatar. El general en jefe era Joab.

Explicación.

27,1-15 Estos israelitas no levitas, jerárquicamente organizados, estaban al servicio directo de la corona; no se especifica en qué funciones. El contexto en que figura la lista hace pensar en servicios relacionados con el templo. Entre los nombres citados se destaca de moco extrayo ese Benayas, de familia sacerdotal, campeón militar, y jefe de un grupo.

27,16-22 La lista de las tribus es semejante a la del cap. 2. Como hay que mantener el número doce y por otra parte José está desdoblado en Efraín y Manasés, y Leví figura como tribu autónoma, desaparecen Gad y Aser; una tribu de Transjordania y otra de la costa occidental. Pero lo más extraño es ver contado a Aarón como tribu aparte, distinta de Leví; Sadoc, el jefe, no exhibe su apellido genealógico.

27,23-24 La noticia no está de acuerdo con la narración del cap. 21. Aquí parece ser Joab quien toma la iniciativa del censo, y no lo termina; David queda libre de culpa. Parece ser una nota que intenta explicar por qué la lista precedente sólo ofrece nombres de jefes y no los números de las tribus.

27,25-31 La lista nos da un buen resumen de una economía agrícola y ganadera. Resultan doce nombres, dos de ellos son extranjeros, al parecer especialistas en el oficio de pastores. Tales riquezas suponen un sistema tributario eficaz. Compárese esta lista con la amonestación de Samuel en 1 Sm 8,11-17.

27,28 * = La Cerca.

27,32-34 Se trata de la corte próxima al rey. "Amigo del rey" podría significar valido o favorito. El segundo libro de Samuel cuenta hechos interesantes de estos personajes, aquí reducidos a nombres y cargos.

1 CRÓNICAS. CAPÍTULO XXVI.

261Clases de porteros:
De los corajitas: Meselemías, hijo de Coré, descendiente de Abiasaf. 2Hijos de Meselemías: Zacarías, el primogénito; segundo, Yediel; tercero, Zebadías; cuarto, Yatniel; 3quinto, Elán; sexto, Juan; séptimo, Elioenay. 4Hijos de Obededón: Sémayas, el primogénito; segundo, Yehozabad; tercero, Yoaj; cuarto, Sacar; quinto, Netanel; 5sexto, Amiel; séptimo, Isacar; octavo, Peuletay. 6Su hijo Sémayas tuvo varios hijos, que se impusieron en sus familias por sus grandes cualidades. 7Hijos de Sémayas: Otní, Rafael, Obed, Elzabad, y sus hermanos Elihú y Semaquías, de grandes cualidades. 8Todos éstos eran descendientes de Obededón. Ellos, sus hijos y sus hermanos eran setenta y dos en total, hombres de cualidades y robustos para el trabajo. 9Meselemías tuvo hijos y hermanos, dieciocho hombres capaces.
10Los hijos de JOsá, descendientes de Merarí, fueron: Simrí, el jefe, pues aunque no era el primogénito, su padre le dio el primer puesto; 11segundo, Jelcías; tercero, Tebalías; cuarto, Zacarías. Los hijos y hermanos de Josá fueron trece en total. 12A estos grupos de porteros, tanto a los jefes como a sus hermanos, seles encomendó el servicio del templo. 13Pequeños y grandes se sortearon las puertas por familias. 14La oriental le tocó a Selamías. La del norte, a su hijo Zacarías, que era un consejero prudente. 15La del sur, a Obededón, y a sus hijos los almacenes. 16A Josá le tocó la occidental, la puerta del Tocón, que da a la costanilla. 17Los turnos de guardia eran proporcionales: seis levitas por día en la oriental, cuatro por día al norte, cuatro por día al sur, y de dos en dos en los almacenes; 18junto a los soportales, a poniente, cuatro para la cuesta y dos para los soportales.
19Estas eran las clases de porteros, descendientes de Córaj y de Merarí.
20Levitas encargados del tesoro del templo y de los dones votivos:
Yejlelí, hjo de Ladán, guersonita. 22Los hijos de Yejlelí, Zetán y su hermano Joel, custodiaban los tesoros del templo.
23Descendientes de Ammrán, Yishar, Hebrón y Uziel: 24Subael, hijo de Guersón, hijo de Moisés, era el tesorero mayor. 25Sus hermanos, por parte de Eliezer, eran: Rejabías, Isaías, Jorán, Zicrí y Selomit. 26Este Selomit y sus hermanos custodiaban los dones votivos que habían regalado el rey David, los cabezas de familia y los generales, jefes y oficiales del ejército; 27parte del botín de guerra lo habían dedicado a la fábrica del templo; 28también custodiaban todo lo que habían donado el vidente Samuel; Saúl, hijo de Quis; Abner, hijo de Ner, y Joab, hijo de Seruya. Todo lo consagrado estaba a cargo de Selomit y sus hermanos.
29De los Yisharitas, Jeconías y sus hijos se ocupaban de los asuntos profanos de Israel como alguaciles y jueces. 30 De los hebronitas, Jasabías y sus parientes, mil setencientos hombres capaces, administraban los asuntos del Señor y de la corona de Israel, a occidente del Jordán. 31El jefe de los hebronitas era Yerías. El año cuarenta del reinado de Davide se investigó el árbol genealógico de los hebronitas y encontraron entre ellos gente capaz en Yazer de Galaad. 32Sus parientes eran dos mil setecientos cabezas de familia, todos hombres de armas; el rey David los puso al frente de los rubenitas, de los gaditas y de la media tribu de Manasés para todos los asuntos religiosos y de la corona.

Explicación.

26,1-19 Apreciamos el mismo orden y organización de un templo ya en funciones. Encontramos las expresiones variadas gibborê hayl, benê hayl, - ysh hayl, de sentido ambiguo. La primera era un término militar, las otras dos pueden aplicarse a cualidades civiles. A lo mejor el autor quiere aludir a la valentía de estos guardianes del recinto sagrado; sabemos por el libro de los Números que tenían que defender los accesos incluso dando muerte al intruso. Pues, si Dios no manda acercarse a uno, "¿quién se atrevería a acercarse? (Jr 30,21). En cambio, Zacarías ( v. 14) se distingue como "consejero prudente" puede ser una cualidad o un cargo, no sabemos si relacionado con el oficio de guardián.

26,20-28 Era normal que los templos tuvieran sus "tesoros" de objetos preciosos, sus almacenes y sus arcas de dinero, para la fábrica y los gastos del culto. Esta acumulación los hizo muy codiciados de los conquistadores (Nabucodonosor y de modo particular, Heliodoro, 2 Mac 3).

Lo extraño es encontrar entre los donantes o fundadores del tesoro al rey Saúl y a su general Abner. Quizá aluda a Nm 31,54 o le añade un acto semejante.

26,29-32 Aquí termina la cuidadosa separación de funciones, y encontramos a levitas encargados de asuntos civiles. Es imposible definir sus funciones específicas, la traducción es conjetural; a lo mejor su tarea era la recaudación de impuestos para el templo y palacio. Su capacidad se puede entender en sentido militar o civil. También es extraño encontrar un enclave tan considerable de levitas en Transjordania.

1 CRÓNICAS. CAPÍTULO XXV.

Distribución de los cantores

251David y los directores del culto separaron para el culto a los hijos de Asaf, Hemán y Yedutún, que improvisaban al son de cítaras, arpas y platillos.
Lista de las personas empleadas en esta tarea del culto:
2De la familia de Asaf: Zacur, José, Natanías y Asarela, hijos de Asaf, bajo la dirección de Asaf, que improvisaba a las órdenes del rey. 3De la familia de Yedutún: Godolías, Yisrí, Isaías, Semeí, Jasabías y Matitías; seis en total, bajo la dirección de su padre, Yedutún, que improvisaba al son de la cítara, alabando y dando gracias al Señor. 4De la familia de Hemán: Buquías, Matanías, Uziel, Sebuel, Yerimot, Ananías, Jananí, Eliata, Guildalti, Romamti-Ezer, Yosbecasa, Maloti, Hotir, Majziont. 5Todos estos eran hijos de Hemán, vidente del rey, según la promesa divina de exaltar su prestigio. Dios concedió a Hemán catorce hijos y tres hijas. 6Todos ellos, bajo la dirección de su padre, cantaban en el templo del Señor con platillos, arpas y cítaras, ejerciendo el culto en el templo de Dios. Asaf, Hemán y Yedutún se hallaban a las órdenes inmediatas del rey.
7Su número, incluido el de sus parientes, era doscientos ochenta y ocho; todos dominaban el arte del cantar al Señor. 8Se sorteraon el servicio, sin distinguir entre pequeños y grandes, maestros y discípulos.
9En el sorteo salieron: Primero, José; con sus hermanos e hijos, doce. Segundo, Godolías; con sus hermanos e hijos, doce. Tercero Zacur, con sus hermanos e hijos, doce. 11Cuarto, Yisrí, con sus hermanos e hijos, doce. 12Quinto, Natanías, con sus hermanos e h ijos, doce. 13Sexto, Buquías; con sus hermanos e hijos, doce. 14Séptimo, Asarela; con sus hermanos e hijos, doce. 15Octavo, Isaías; con sus hermanos e hijos, doce. 16Noveno, Matanías; con sus hermanos e hijos, doce. 17Décimo Semeí; con sus hermanos e hijos, doce. 18Undécimo, Azarel; con sus hermanos e hijos, doce. 19Duodécimo, Jasabías; con sus hermanos e hijos, doce. 20Décimotercero, Subael; con sus hermanos e hijos, doce. 21Décimocuarto, Matitías; con sus hermanos e hijos, doce. 22Décimoquinto, Yeremot; con sus hermanos e hijos, doce. 24Décimosexto, Ananías; con sus hermanos e hijos, doce. 24Decimoséptimo, Yosbecasa; con sus hermanos e hijos, doce. 25Décimoctavo, Jananí; con sus hermanos e hijos, doce. 26Décimonono, Malotí; con sus hermanos e hijos, doce. 27Vigésimo primero, Hotir; con sus hermanos e hijos, doce. 29Vigésimo segundo, Guidalti; con sus hermanos e hijos, doce. 30Vigésimo tercero, Majziot; con sus hermanos e hijos, doce. 31Vigésimo cuarto, Romamti-Ezer; con sus hermanos e hijos, doce.

Explicación.

25 También los cantores forman 24 grupos. Ya hemos visto que los tres jefes representan las tres grandes familias levíticas (capítulo 6).

A los tres jefes se les atribuyen cualidades de "improvisar". La palabra hebrea es la que se emplea para la actividad profética, extática o no. Es claro que aquí no se trata de la misión divina para pronunciar oráculos, sino de un servicio litúrgico. Podemos pensar en la habilidad o "inspiración" para el canto, que muchas veces sería improvisado (como una forma de cante jondo); también se puede pensar en la composición literaria de textos litúrgicos, pero esto es menos probable. Si la interpretación es correcta, resulta que los artesanos constructores del arca estaban dotados de destreza, estos cantores poseían "inspiración". Y esto nos lleva a comparar la minuciosa organización arquitectónica del templo de Ezequiel y la organización del canto litúrgico en el presente libro. Si a David le estuvo negado realizar la arquitectura, para compensarlo se concentró en la música.

Al especificar, el autor distingue: Asaf improvisaba a las órdenes del rey (¿o siguiendo el texto del rey?); Yedutún improvisaba alabando al Señor; Hemán es "vidente" del rey, es decir, profeta oficial, como Gad o Natán.

25,4 Los cinco primeros nombres de la lista son normales; a partir del sexto encontramos formas anómalas. Tomando las consonantes de estos nombres, los comentaristas han reconstruido un fragmento de salmo de súplica, que se puede traducir así: "Piedad, Señor, piedad: mi Dios eres tú. Exalto y ensalzo tu auxilio. Cuando estaba abrumado, dije: Redobla las señales". Tratándose de especialistas del canto, es posible que recibieran o tomaran nombres de textos litúrgicos (cosa conocida en la cultura sumeria); como si sus nombres bien ordenados fueran ya un canto al Señor. La frase se deshace en la lista que sigue.

25,5 Es dudosa la traducción "para los asuntos religiosos y para los intereses de la corona", se podría traducir, "por encargo de Dios, para exaltar su poder" (el poder real).

25,6 Según el texto también las hijas cantaban en el templo, en un coro mixto.

25,7 Frente a la capacidad de "improvisación", el resto está "educado" o ensayado en cantar al Señor; puede tratarse del canto coral, programado, frente al canto improvisado de los solistas.


1 CRÓNICAS. CAPÍTULO XXIV.

Distribución de los sacerdotes

241Clases de los aaronitas:
2Hijos de Aarón: Nadab, Abihú, Eleazar e Itamar. Como Nadab y Abihú murieron antes que su padre, sin dejar hijos, Eleazar e Itamar ejercieron el sacerdocio. 3David, Sadoc, de la familia de Eleazar, y Ajimélec, de la familia de Itamar, los distribuyeron en clases para que prestasen servicio por turnos. 4Resultó que la familia de Eleazar contaba más varones que la de Itamar; por eso a los de Eleazar les correspondieron dieciséis cabezas de familia y a los de Itamar ocho. 5La distribución se hizo por sorteo, ya que tanto los eleazaritas como los itamaritas tenían funcionarios sagrados y funcionarios de Dios. 6Un levita, el secretario Semayas, hijo de Netanel, los inscribió en presencia del rey, de las autoridades, del sacerdote Sadoc, de Ajimélec, hijo de Abiatar, y de los cabezas de familia sacerdotales y levíticos: dos familias de Eleazar, una de Itamar, y así sucesivamente.
7En el sorteo fueron saliendo: primero, Yehoyarib; segundo, Yedayas; 8tercero, Jarín; cuarto, Sorín; 9quinto, Malquías; sexto, Miyamín, 10séptimo, Hacós; octavo Abías; 11noveno, Jesús, décimo, Secanías; 12undécimo, Eliasib; duodécimo, Yaquín; 13decimotercero, Jupá; decimocuarto, Yesebab; 14décimoquinto, Bilgá; décimosexto, Imer; 15décimoséptimo, Jezir; decimoctavo, Hapisés; 16décimonono, Petajías; vigésimo, Ezequiel; 17vigésimo primero, Yaquín; vigésimo segundo, Gamul; 18vigésimo tercero, Delayas; vigésimo cuarto, Maazías.
19Estos fueron los turnos para acudir al templo del Señor, según las normas establecidas por su padre, Aarón, de acuerdo con el mandato del Señor, Dios de Israel.
20Otros miembros de familias levíticas:
De la familia de Amrán, Subael; de la familia de Subael, Yejdías; 21de la famlia de Rejabías, el jefe era Yisías; de los yisharitas, Selomot; 22de la familia de Selomot, Yájat; 23de la familia de Hebrón, el jefe era Yerías; segundo, Amarías; tercero, Yajziel; cuarto, Yecameán. 24De la familia de Uziel, Miqueas; de la familia de Miqueas, Samur. 25Yisías era hermano de Miqueas; el jefe de la familia de Yisías era Zacarías.
26Hijos de Merarí: Majlí y Musí; también era hijo suyo Uzías. 27Descendientes de Merarí por parte de Uzías: Sohan, Zacur e Ibrí. 28Por parte de Majlí: Eleazar, que no tuvo hijos, y Quis. 29Por parte de Quis: su hijo Yerajmeel. 30Hijos de Musí: Majlí, Eder y Yerimot. Estas eran las familias de los levitas.
31Igual que sus hermanos los aaronitas, también ellos hicieron sorteo, tanto las familias principales como las más pequeñas, en presencia del rey David, de Sadoc, de Ajimélec y de los cabezas de familia sacerdotales y levíticos.

Explicación.

24,1-19 El autor se calla la razón de la muerte de Nadab y Abihú (Nm 26,61). Después parece que quiere zanjar una discusión de las dos ramas sacerdotales: el libro de los Números hace una distinción entre Itamar y Eleazar; el primero es inspector o superintendente de guersonitas y meraritas (Nm 4,28.33), el segundo es el jefe supremo de los levitas (Nm 3,32). El autor les concede la misma categoría, a la vez que reconoce la diferencia numérica.

24,3 Evita mencionar a Abiatar, rival de Sadoc y caído en desgracia (1 Re 2,26-27).

24,7 Yehoyarib es el antecesor de los llamados Macabeos.

24,20-31 La lista parece un complemento de 23,6-24. También aquí el sorteo decide, respetando la igualdad de las familias.

1 CRÓNICAS. CAPÍTULO XXIII.

Los levitas: su número y sus funciones.

231Siendo ya anciano, colmado de días, David nombró rey de Israel a su hijo Salomón. 2Luego reunió a todas las autoridades de Israel, a los sacerdotes y a los levitas. 3Por entonces hicieron el censo de los levitas mayores de treinta años, que resultaron ser treinta y ocho mil varones. 4Veinticuatro mil dirigían las obras del templo del Señor, seis mil eran secretarios y jueces, 5cuatro mil porteros y cuatro mil músicos, que alababan al Señor acompañados de los instrumentos hechos por David. 6Éste los distribuyó en tres clases, correspondientes a las tres ramas de Leví: Guersón, Quehat y Merarí.
7Hijos de Guersón: Ladán y Semeí. 8Hijos de Ladán: Yejlel, el primero, Zetán y Joel; tres. 9Hijos de Semeí: Selomit, Jaziel y Harán; tres, que eran cabezas de familia de Ladán. 10Hijos de Semeí: Yájat, Zizá, Yeús, Beriá; cuatro. 11Yájat era el primogénito; Zizá, el segundo. Yeús y Beriá no tuvieron muchos hijos; formaron una sola familia y como una fueron registrados.
12Hijos de Quehat: Amrán, Yishar, Hebrón y Uziel; cuatro. 13Hijos de Amrán: Aarón y Moisés. A Aarón y a sus descendientes los apartaron a perpetuidad para ofrecer los dones sacrosantos, quemar incienso ante el Señor, servirle y bendecir en su nombre. 14Los hijos de Moisés, el hombre de Dios, fueron contados con la tribu de los levitas. 15Hijos de Moisés: Guersón y Eliezer. 16El primogénito de Guersón fue Sebuel; 17el primogénito de Eliezer, Rejabías. Eliezer no tuvo más hijos, pero Rejabías tuvo muchos. 18El primogénito de Yshar fue Selomit. 19Hijos de Hebrón: Yerías, el primogénito; Amarías, segundo; Uziel, tercero, y Yecameán, cuarto. 20Hijos de Uziel: Miqueas, el primogénito, y Yisías, el segundo.
21Hijos de Merarí: Majlí y Musí. Hijos de Majlí: Eleazar y Quis. 22Eleazar murió sin tener hijos, sino sólo hijas; sus primos, los hijos de Quis, se casaron con ellas. 23Hijos de Musí: Majlí, Eder y Yeremot; tres.
24Estos eran los levitas repartidos por familias, registrados según sus linajes, cuando se h izo el censo de todos los individuos mayores de veinte años.* 27(Porque, de acuerdo con las últimas disposiciones de David, los levitas entraban en el censo a partir de los veinte años). 24bEstaban al servicio del culto en el templo del Señor. 25En efecto, David había dicho: <<El Señor, Dios de Israel, ha concedido paz a su pueblo y habita en Jerusalén para siempre. 26Los levitas ya no tienen que transportar el santuario y los objetos de culto>>. 28Por eso quedaron a las órdenes de los aaronitas para el servicio del templo del Señor, de los atrios y de las habitaciones, para limpiar todos los objetos sagrados y ocuparse del culto del templo. 29Estaban encargados de los panes presentados, de la flor de harina para las ofrendas, de las obleas de pan ázimo, de las ofrendas a la sartén o desleídas en aceite y de todos los pesos y medidas. 30Por la mañana y por la tarde debían presentarse para alabar y dar gracias al Señor; 31y debían ofrecer regularmente en su presencia los holocaustos de los sábados, principios de mes y días festivos, según el número y el rito prescrito. 32Custodiaban la tienda del encuentro y el santuario; sus hermanos aaronitas vigilaban el servicio del templo.

Explicación

23 El censo de los levitas no crea problemas, porque no procede de una tentación de Satán, sino que lo exige el servicio del templo. La edad mínima es en el v. 3 de treinta años (como en Nm 4. 3), en el v. 27 de veinte años (en Nm 8,24 de veinticinco años); este rebajar la mayor edad se lo atribuye el autor a David, quizá para justificar una innovación. La lista de nombres se parece a otras que ya conocemos. No es una genealogía en regla, pues se detiene a la cuarta generación, más o menos; parece más bien una lista de grupos levíticos repartidos por estirpes. Resulta un total de 22 grupos frente a los 24 de otros textos.

23,1 Con esta nota se salta el autor el relato dramático de la sucesión de 1 Re 1.

23,13 Véanse Ex 28,1; 30,7 y Nm 6,23.

23,14 Siendo Moisés de la tribu de Leví, es lógico que sus hijos pertenezcan a dicha tribu. Quizá el autor sugiera: que no suceden a Moisés como jefes, que no son sacerdotes (compárese con Jue 18,30, que los llama sacerdotes).

23,24a Nm 4,3; 8,23. * Los vv. 24a-28 no llevan orden correlativo.

23,25 El autor no tiene en cuenta la etapa del destierro con la ausencia del Señor, como la contempló Ezequiel (Ez 1-10).

23,28-32 Las funciones de los levitas son subordinadas. Quizá haya que interpretar el v. 31 como el acompañamiento musical durante la oferta periódica de holocaustos, pues ofrecer estos sacrificios era función propia de los sacerdotes. Los pesos y medidas pueden referirse al culto (véase la reglamentación en Nm 15) y a los aranceles; no sabemos que existiera un patrón custodiado en el templo. Todas estas funciones suponen el templo ya construido y en plena actividad.

1 CRÓNICAS. CAPÍTULO XXII.

Preparativos para la construcción del templo.

221Dijo David:
-Aquí se alzará el templo del Señor Dios y el altar de los holocaustos de Israel.
2Luego mandó reunir a los extranjeros que residían en tierra de Israel y los hizo canteros para labrar sillares con los que construir el templo de Dios. 3Reunió también gran cantidad de hierro para hacer clavos y grapas para las puertas, y un montón enorme de bronce 4y una cantidad incalculable de madera de cedro que los sidonios y tirios le traían en abundancia. 5David pensó: <<Salomón, mi hijo, es todavía joven y débil. Y el templo que hay que construir al Señor debe ser grandioso, para que su fama y gloria se extienda por todos los países. Voy a comenzar los preparativos>>. Y así lo hizo generosamente antes de morir. 6Luego llamó a su hijo Salomón y le mandó construir un templo al Señor, Dios de Israel, 7diciéndole:
-Hijo mío, yo tenía pensado edificar un templo en honor del Señor, mi Dios. 8Pero él me dijo: <<Has derramado mucha sangre y has combatido en grandes batallas. No edificarás un templo en mi honor porque has derramado mucha sangre en mi presencia. 9Pero tendrás un hijo que será un hombre pacífico y le haré vivir enpaz con todos los enemigos de alrededor. Su nombre será Salomón, y en sus días concederé paz y tranquilidad a Israel. 10Él edificará un templo en mi honor; será para mí un hijo, yo seré para él un padre, y consolidaré por siempre su trono real en Israel>>. 11Hijo mío, que el Señor esté contigo y te ayude a construir un templo al Señor, tu Dios, según sus designios sobre ti. 12Basta que el Señor te conceda prudencia e inteligencia para gobernar a Israel, cumpliendo la Ley del Señor, tu Dios. 13Tu éxito depende de que pongas por obra los mandatos y preceptos que el Señor mandó a Israel por medio de Moisés. ¡Ánimo, sé valiente! 14¡No te asustes ni te acobardes! Mira, con grandes sacrificios he ido reuniendo para el templo del Señor treinta y cuatro mil toneladas de oro, trescientas cuarenta mil toneladas de plata, bronce y hierro en cantidad incalculable; además, madera y piedra. 15Tú añadirás aún más. Dispones también de gran cantidad de artesanos: canteros, albañiles, carpinteros y obreros de todas las especialidades. 16Hay oro, plata, bronce yhierro de sobra. Pon manos a la obra y que el Señor te acompañe.
17David ordenó que todas las autoridades de Israel ayudasen a su hijo Salomón. Les dijo:
18-El Señor, vuestro Dios, está con vosotros y os ha dado paz en las fronteras después de poner en mis manos a los habitantes de esta tierra, que ahora se halla sometida al Señor y a su pueblo.
19Ahora, en cuerpo y alma, a servir al Señor y a construir un santuario, para colocar el arca de la alianza del Señor y los objetos sagrados en ese templo construido en honor del Señor.

Explicación.

22,1 Es la conclusión del episodio. Las palabras de David están modeladas según las de Jacob en Betel (Gn 28,17), y así resultan una afirmación polémica: no en Betel, sino en Jerusalén se encuentra el santuario elegido por Dios. David empalma con el padre de las doce tribus, no para continuar simplemente, sino para inaugurar una etapa histórica; como el lugar sagrado de Betel tiraba de Jacob peregrino en tierra extranjera, así ahora el nuevo lugar sagrado será el centro de gravedad de la dinastía y del pueblo.

Puede compararse esta intercesión de David con la de Moisés en Nm 11,1-3 y especialmente con la expiación de Aarón en Nm 17,6-15; episodios del desierto que no dejan huella local.

22,29 El relato de la sucesión de David está repartido en dos piezas, que enmarcan la exposición sobre el personal del templo: 22,2-23.2 / 23.3-27,34 / 28-29. El autor abandona totalmente su modelo para escribir por cuenta propia. El relato de la sucesión está constituido en su mayor parte por discursos de David:

a) David habla a su hijo Salomón refiriendo el oráculo de Dios sobre la construcción del templo (22,6-16);

b) Discurso de las autoridades, solicitando cooperación (22,18-19);

c) Discurso de las autoridades, refiriendo el oráculo de Dios (28,2-8);

d) Consejos a Salomón, con entrega de planos e informes (28,9-21);

e) Discurso a la asamblea, invitando a una nueva colecta (29,1-5);

f) Plegaria pública de David coreada por la asamblea (29,10-20).

El narrador no tiene miedo a repetir machacando su idea; es también como si le costase desprenderse del héroe y dejarlo morir en paz. Hemos visto el carácter un poco "patriarcal" de David: eso justifica sus palabras testamentarias, dirigidas a Salomón y a los contemporáneos de David; pero que el autor dirige, con la autoridad "patriarcal" de David, a sus contemporáneos.

22,2-4 EL rey no recluta obreros nativos, como sucede en 1 Re 5, 27-32. El acopio comienza por los materiales más bastos de la construcción, en el orden piedra-hierro-bronce-madera.

22,5 A partir de este verso se van a repetir con insistencia las tres palabras del tema: construir, templo (= casa), nombre. La aliteración de ocho palabras comenzadas con la partícula le- creo que se debe más a torpeza que a maestría estilística del autor; la frase tiene un énfasis pesado, distinto del énfasis retórico del Deuteronomio.

22,6-16 De las últimas palabras de David a Salomón que se leen en 1 Re 2,1-9, el autor recoge sólo una frase de aliento y la invitación a respetar los mandatos del Señor; se salta todas las instrucciones de venganza política, porque en la narración del Cronista David no ha tenido adversarios de quien vengarse.

Otros datos están inspirados en el discurso de Natán (2 Sm 7) y en la carta de Salomón a Jirán de Tiro (1 Re 5,17-19).

El discurso está construido sobre la oposición guerra-paz, David-Salomón. El derramamiento de sangre, aun en guerra legítima, incapacita para construir un templo; tiene algo de contaminación que aleja del culto. ¿Por qué? El Dios de los Ejércitos (estelares), el Dios de las batallas, ¿por qué se distancia ahora del guerrero? Quizá subsiste un parentesco entre los sacrificios humanos y la guerra, aun legítima. Hay que notar la frase "has derramado a tierra mucha sangre en mi presencia"; si la sangre del homicidio clama al cielo desde la tierra, parece somo si la sangre de la batalla estuviera en presencia del Señor. Sangre de animales, no de hombres, aceptará el Señor. También podría significar que el templo inaugura una etapa de paz y descanso y que por eso ha de ser construido bajo el signo de la paz.

Ahora bien, Salomón lleva en su nombre ese signo (v. 9), es como el sello de que Dios concede la paz a su pueblo después de las tormentas (véase Sal 29). Basta que el sucesor cumpla todos los mandatos del Señor para asegurar la bendición de la paz. Así entra en el discurso una referencia a la Ley de Moisés, que equivale a una alusión implícita a la alianza sinaítica. Más aún, las palabras de aliento del v. 13 son un eco de la recomendación de Moisés a su sucesor Josué (Jos 1,9).

Los títulos del Señor puntúan el proceso: el Dios de Israel (7), mi Dios (7), tu Dios (11-12).

La cantidad de materiales se multiplican fácilmente bajo la pluma del narrador para mayor esplendor de un templo que ya no existe.

22,18-19 A las autoridades toca la prestación personal en las obras, pues servir al Señor consiste ahora en construir su templo. Se repite el tema de la paz, que crea finalmente la situación propicia para la tarea. Ahora el título del Señor es "vuestro Dios", el cual, ya antes de entrar en su morada, "está con" ellos y con Salomón.


1 CRÓNICAS. CAPÍTULO XXI.

Censo de Israel (2 Sm 24,1-25)

211Satán se alzó contra Israel e instigó a David a hacer un censo de Israel. David ordenó a Joab y alos jefes de la tropa:
-Id a hacer el censo de Israel, desde Berseba hasta Dan, y traedme el resultado para que yo sepa cuanta gente tengo.
3Joab respondió:
-Que el Señor multiplique a su pueblo por cien. Pero si todos están sometidos a su majestad, ¿qué pretende mi señor con este censo? Va a acarrear una culpa a Israel.
4Pero la orden del rey se impuso al parecer de Joab, que se puso en camino y recorrió todo Israel. 5Cuando volvió a Jerusalén entregó a David los resultados del censo: en Israel había un millón cien mil hombres aptos para el servicio militar, y en Judá, cuatrocientos setenta mil. 6A Leví y Benjamín no los incluyó Joab en el censo porque detestaba la orden del rey. 7Dios lo desaprobó y castigó a Israel.
8Entonces David dijo a Dios:
-He cometido un grave error al hacer este censo. Ahora, perdona la culpa de tu siervo, porque he hecho una locura.
9El Señor dijo a Gad, vidente de David:
10-Vete a decir a David: <<Así dice el Señor: Te propongo tres castigos; elige uno y yo lo ejecutaré>>.
11Gad se presentó a David y le comunicó:
12-Así dice el Señor: Escoge o tres años de hambre, o tres meses huyendo de tus enemigos y perseguido por la espada de tus adversarios, o tres días de espada del Señor, es decir, de peste en el país, mientras el ángel del Señor hace estragos en todo el territorio de Israel. ¿Qué le respondes al que me ha enviado?
13David contestó a Gad:
-Estoy en un gran apuro. Mejor es caer en manos de Dios, que es muy compasivo, que caer en manos de hombres.
14El Señor mandó entonces la peste a Israel y murieron setenta mil israelitas. 15Luego envió Dios un ángel a Jerusalén para asolarla. Pero apenas había comenzado lo vio el Señor, se arrepintió del castigo y dijo al ángel exterminador:
-Basta, detén tu mano.
El ángel del Señor se encontraba junto a la era de Ornán, el jebuseo. 16David alzó los ojos y vio al ángel del Señor erguido entre tierra y cielo, con la espada desnuda en su mano, apuntando hacia Jerusalén. David y los ancianos, cubiertos de saco, cayeron rostro en tierra. 17Entonces David dijo a Dios:
-Soy yo quien ordenó el censo del pueblo. Soy yo el que ha pecado. Soy yo el culpable. ¿Qué han hecho estas ovejas? Señor, Dios mío, descarga la mano sobre mí y sobre mi familia, pero no  hieras a tu pueblo.
18Entonces Gad, por orden del ángel del Señor, le dijo a David que fuese a edificar un altar al Señor en la era de Ornán, el jebuseo. 19Fue David, según le había dicho Gad en nombre del Señor. 20Ornán se hallaba trillando el trigo y sus cuatro hijos se habían escondido; se volvió y vio al ángel. 21David se acercó a Ornán y éste, al ver a David, salió de la era y se postró ante él rostro en tierra. 22David dijo a Ornán:
-Dame la era para construir un altar al Señor. Es para que cese la mortandad en el pueblo. Te pagaré su precio exacto.
23Ornán le respondió:
-Tómela su majestad, y haga lo que le parezca. Le doy también los bueyes para los holocaustos, los trillos para leña y el trigo como ofrenda. Se lo doy todo.
24Pero el rey David le dijo:
-No, no. Lo compraré por su justo precio. No voy a tomar lo tuyo para ofrecer al Señor víctimas que no me cuestan.
25David le dio a Omán sesenta gramos de oro por la era. 26Construyó allí un altar al Señor. Ofreció holocaustos y sacrificios de comunión, invocó al Señor, que le respondió enviando fuego del cielo sobre el altar de los holocaustos. 27Y el Señor ordenó al ángel que envainase la espada. 28Entonces, al ver David que el Señor le respondía en la era de Ornán, el jebuseo, ofreció allí sacrificios.
29El santuario del Señor que hizo Moisés en el desierto y el altar de los holocaustos se encontraban por entonces en la ermita de Guibeá. 30Pero David no se atrevió a ir allá a consultar a Dios porque lo aterraba la espada del ángel del Señor.

Explicación.

21 En el original de 2 Sm 24 y en la presente versión, el episodio del censo y la peste es importante porque determina la compra del terreno donde se alzará el nuevo templo. En los dos, a través de un pecado, un castigo y una expiación, se llega a la feliz elección del lugar. Como si estos acontecimientos preludiasen una función central del templo, la expiación. Nuestro autor explota el tema introduciendo una serie de cambios significativos.

Dios queda más remoto, aunque dominando con su soberanía todo el proceso; el lugar más próximo al hombre lo ocupan el ángel tradicional, que cobra mayor relieve, y el personaje nuevo, Satán. Son dos figuras sobrehumanas que se oponen en su actividad, no en confrontación directa, sino en un proceso referido al hombre. Este Satán (= rival, opositor) podría estar inspirado en el espíritu engañador de 1 Re 22,22 y está emparentado con el Satán del libro de Job y algo menos con el Satán de Zac 3,1-2. Como espíritu tentador, que se insinúa en la mente del hombre, puede relacionarse con el "oráculo" de Sal 36,2.

De este personaje maligno, no del Señor, procede el mal deseo y proyecto de David; en cuanto tal, es enemigo del pueblo de Dios. De hecho, está poniendo en marcha un proceso salvador, porque Dios puede transformar el mal en bien (Gn 50,20). En el proceso, David es intermediario y representante del pueblo.

El otro personaje es un ángel mediador, que se cierne entre cielo y tierra, sin asentar los pies en el suelo (compárese con la palabra mediadora de Sab 18,16). Mientras el Satán permanece invisible, el ángel se manifiesta. Es un ángel exterminador, como el de Ex 13,23 y el de 2 Re 19,35; sólo que ejecuta la sentencia divina contra Israel. Puede dar órdenes al profeta, pero no elimina la actividad mediadora del profeta ni la intercesión de David.

En el censo David actúa como guerrero, en la súplica, como pastor.

La narración discurre en tres actos, de modo que al final del primero (7) adelanta a manera de título el segundo acto (8-15), y el final del segundo es como el título del tercero (16-27).

21,3-6 La resistencia de Joab a la orden del rey está subrayada, haciendo resaltar el pecado de David. La tribu de Leví será objeto del censo aparte, cuando Dios lo mande (como en Nm 3, cumpliendo la orden de Nm 1,49). Todo Israel estaba sometido a David, y esto bastaba; el rey no debía contar súbditos para gloriarse de sus fuerzas, que sería tentar a Dios. La culpa recae sobre Israel por el puesto que el rey ocupa y quizá porque el censo lo sustrae al control exclusivo de Dios; lo que no se cuenta supera al hombre (Gn 15,5; Sal 139; 18; Jr 33,22; Os 2,1). La exclusión de Leví es lógica, dado el carácter militar del censo, la exclusión de Benjamín aparece inmotivada.

21,12 Se oponen la espada del enemigo y la espada del Señor, que aquí se identifica con la peste (versión diversa y ampliada de la espada en Is 34,5ss; de la peste en Sal 91,6), y es manejada por el ángel.

21,15 La narración procede con más coherencia que en el original. La ciudad de Jerusalén comienza a cumplir una función protectora, preludiando la futura función del templo. El castigo se detiene ante ella (ángel exterminador y espada retornarán a Jerusalén en las visiones de Ezequiel), como se detuvo el ejército de Senaquerib.

21,17 La intercesión de David está algo desarrollada, para dar más énfasis a su sentido de responsabilidad. El pueblo que David con el censo quería haber sentido suyo propio, ahora confiesa que es de Dios: "no hieras a tu pueblo". Se poddría comparar con las intercesiones de Moisés, especialmente en Ex 32 y Nm 14.

21,20 Es novedad que también Omán vea al ángel. Ornán es pagano, superviviente de la población local, y la visión le enseña a respetar y someterse a David. La postración es acto de homenaje (se cambian los papeles de Abrahán y Melquisedec, vasallo y rey).

21,22-25 Las negaciones recuerdan las de Abrahán comprando un sepulcro para Sara (Gn 23). La actitud de Ornán puede leerse como expresión de reverencia sagrada y de vasallaje: el terreno donde ha aparecido el ángel es ya sagrado, con todo lo suyo, y no puede el dueño retenerlo para usos profanos. El Cronista añade el trigo para la ofrenda que debe acompañar el sacrificio. En cuanto al precio, ha sufrido el aumento impuesto por el autor: de 50 pasa a 600 siclos, de plata, a oro.

21,26 Como en la historia de Elías en el Carmelo (1 Re 18) y en otras ocasiones (Jue 6,21; Lv 9,24), el rayo es fuego celeste, sagrado, que consagra el altar y la víctima.

21,28 Al holocausto, consumido por el fuego celeste y que precede a la orden de envainar la espada, suceden los sacrificios (quizá en comunión) ofrecidos por David. El rey ha comprendido que el Señor ha elegido un puesto antes pagano y profano.

21,29-30 Más aún, la espada del ángel le cierra el camino, como a otro Balaán, y lo confina a ese terreno jebuseo. Lo lógico habría sido ir a ofrecer los sacrificios al puesto tradicional y al altar oficial; pero Dios ha intervenido creando una situación nueva. Por la elección manifiesta de Dios queda legitimado el lugar del templo. Así concluye felizmente el drama del rey y de su pueblo.

1 CRÓNICAS. CAPÍTULO XX.

201Al año siguiente, en la época en que los reyes salen de campaña, tomó Joab el grueso del ejército, devastó el territorio amonita y se fue a sitiar Rabá, mientras David permanecía en Jerusalén. Joab expugnó Rabá y la arrasó. 2David quitó la corona de la cabeza de Milcón, y resultó que pesaba treinta y cuatro kilos de oro. Había en ella una piedra preciosa que pasó a la corona de David. Se llevó un botín inmenso de la ciudad. 3También capturó a sus habitantes y los puso a trabajar con sierras, escoplos y hachas. Lo mismo hizo con todas las poblaciones de los amonitas. Después volvió a Jerusalén con todo el ejército.

Guerras con los filisteos (2 Sm 21,18-22)

4Más tarde tuvo lugar en Guézer una batalla con los filisteos. Fue entonces cuando el jusita Sibcay mató a Sipay, de la raza de los gigantes. Los filisteos quedaron sometidos. 5Cuando continuó la guerra con los filisteos, Eljanán, hijo de Yaír, mató a Lajmí, que era hermano de Goliat, el de Gat, y cuya lanza tenía un asta como la percha de un tejedor. 6La guerra continuó en Gat, donde había un gigantón con veinticuatro dedos -seis en cada mano y en cada pie- que también era de la raza de los gigantes. 7Desafió a Israel, pero Jonatán, hijo de Simeá, hermano de David, lo mató. 8Esta gente descendía de los gigantes de Gat y cayeron en manos de David y de sus oficiales.

Explicación.

20, 1 El capítulo empieza "al año siguiente". Entre medias, el autor se salta el homicidio y el adulterio de David, la denuncia de Natán, la penitencia y el castigo (datos que no suprime el Eclesiástico en su elogio de los padres).

20,2 En 2 Sm es David quien conquista la ciudad.

20,4 Quedaron sometidos: texto dudoso.

20,5 Aquí tenemos un intento de armonizar los datos de la fuente: Eljanán no mató a Goliat, como dice 2 Sm 21,19, sino a un hermano de Goliat.

Con este episodio el autor ha saltado toda la historia de Absalón, la rebelión de Sebá y el salmo de David.